Notas

No me ha llamado. No me habla, no me mira. Intento averiguar en qué está pensando, pero no lo sé. Escucho su canción para sentirlo más cerca, mas no sé dónde está. Imagino su sonrisa, tan sincera y con tanta luz que me hace sonreír a mí también; la energía con la que canta, que hace que el sol brille más y las nubes desaparezcan. ¿Cómo ha podido pasar esto? Aún puedo sentir sus brazos rodeándome, sus latidos, el calor que emanaba, su pulgar dibujando círculos en mi espalda. Canto la canción, pero no es lo mismo sin él.

Me preocupa que pueda hacer alguna locura, aunque soy tonta porque soy yo la que debería estar enfadada. Es él quien me ha estado ignorando, y estos últimos días me he sentido muy fuera de lugar. Le perdono en mi interior (porque soy estúpida), y ¿qué hace? Olvidarme. Después de todo lo que hemos pasado…en solo unos meses mi vida ha cambiado totalmente.

Apago el ordenador y me dirijo al balcón. El sol ya ha desaparecido, y el cielo está completamente oscuro. Las estrellas no brillan, ya se han cansado de estar ahí siempre, y parece que la luna tampoco quiere. Las nubes lo tapan todo, y la lluvia cae con fuerza. No hay nadie en la calle, solo una moto mal aparcada iluminada por las farolas recién pintadas de negro. Esa moto…

Pican a la puerta. Bajo sin hacer ruido. Si no lo conozco, haré como si no hubiera nadie en casa. Me acerco a la puerta y miro por la mirilla. Paula. ¿Qué hace aquí? No habíamos quedado. Abro la puerta. Está empapada, y el frío ha calado en sus huesos. Tiene la cara descompuesta, algo grave ha pasado.

– Lucas está en el hospital. Hace dos días tuvo un accidente de moto. Me lo acaba de decir Javi.

No me da tiempo a asimilar toda la frase. No quiero asimilarlo. Solo quiero ir con él. Cojo las laves y el móvil y salimos de casa. Vamos en su moto, la que vi desde el balcón. El aire me despeja, y siento que vuelo; no tengo fuerzas para agarrarme a nada. El casco me asfixia, y un dolor profundo atraviesa mi interior. Necesito correr. Le digo a Paula que pare, me bajo de la moto y corro. Corro durante diez minutos tanto como puedo. Entro al hospital, pregunto por él y voy a su habitación.

En la puerta, dudo. ¿Cómo está? ¿Podré soportarlo? El miedo es mayor que la duda, pero el amor supera a ambos. Abro la puerta, despacio. Pesa. Todo lo que hay en esa habitación está gritando la palabra hospital: el blanco de las paredes, el olor, la cama, la débil luz que entra por la ventana. Me acerco a él; no hay nadie en la otra cama. Está dormido. ¿Lleva así los tres días? Y yo enfadada pensando que me ignoraba. Seré idiota. Me siento a su lado, le cojo la mano y me derrumbo. Las lágrimas escapan de mí sin control. El ruido de la máquina es insoportable, pero al menos sé que su corazón sigue latiendo cada vez que pita. No paro de susurrar que lo siento. Le acaricio el pelo, suave. Le doy un beso en la frente, como él hacía antes. La máquina empieza a acelerarse. Los médicos llegan corriendo, y me hacen salir. No escucho nada, solo veo alboroto a mi alrededor y todo verde. Ese minuto es eterno. El médico me llama y me dice que está estable, pero debe despertar hoy. No ha seguido la frase, pero no ha hecho falta. Entro dentro y le digo que tiene que despertar. Le muevo los brazos, la cabeza. Le echo agua en la cara. La rabia y el miedo se apoderan de mí, y busco cualquier cosa que me sirva para que despierte mientras lloro y grito. Nada funciona, y me rindo. No me quedan fuerzas. Solo puedo hacer una cosa. Empiezo a cantar nuestra canción y le acaricio la mano con el pulgar, haciendo círculos. Me tumbo junto a él y se la canto al oído. Quizá así me oye mejor. Acabo la canción, y vuelvo a empezar.

Durante tres horas, es lo único que hago. Cerrar los ojos y cantar acurrucada. De repente, no soy la única. Me incorporo y vuelvo a cantar. Tiene los ojos cerrados, pero canta y sonríe. Poco a poco, los va abriendo, y me mira. Sus ojos no brillan como siempre, pero su mano me agarra con fuerza.

– Menos mal que has venido, estaba harto de dormir.

No puedo evitarlo, y sonrío. El sol, mi sol, vuelve a brillar.

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