Lejos

Están lejos. De casa. De una nueva casa. De una nueva vida. De una vida. De su dignidad. Porque se la hemos quitado. Queriendo, o sin querer. Duermen en un suelo, cuando lo tienen. Comen, si les llega alimento. Duermen, si el miedo y la angustia les permiten descansar. Viven soñando estar a salvo. No para quedarse con nosotros, porque ellos quieren volver a casa. Solo nos piden asilo. Nos piden que abramos las puertas para poder sobrevivir. Pero no. Cerramos las fronteras. Hacemos que vuelvan a convivir con bombas, ataques y armas. Dejamos que los niños crean que eso es algo normal. Dejamos que crezcan sin amor, sin recursos, sin esperanza. Estamos dejando naufragar alguien que nos tiende una mano para que le ayudemos. Está muriendo gente. Cada día. Cada hora. Por nuestro egoísmo. Por razones económicas o políticas o jurídicas. Porque no podemos apartar eso y ser simplemente humanos. El mundo está lleno de personas, pero no de humanidad. Ya estamos muy lejos de eso. Nuestro corazón no late por amor; late por dinero, por interés, por egoísmo. El amor ya no existe. Está lejos. Como todo. Hasta que nos quedemos solos. Hasta que necesitemos ayuda. Entonces estaremos lejos de todo y de todos, porque estaremos solos. Porque no habrá amor. Porque no habrá nada.

 

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