No le preguntes dónde

Al amor que te lleva no le preguntes dónde. No lo hagas. Deja que él camine, que guíe. Que te sorprenda con un café recién hecho por las mañanas, con un buenos días desde Argentina o un beso en la frente. Deja que tu corazón se fascine con una nueva amistad, un vínculo roto o un lazo inesperado. Deja que él llene tu vida de color, de sonrisas, de vida. Deja que tu mirada se conmueva con la realidad de lo imposible. Que tu piel se estremezca al notar el abrazo imaginado durante grises noches en vela. Que tu pelo atrape las mariposas que llevan tus sueños, para que no se alejen nunca de ti. Que tus manos atrapen el tiempo y lo hagan eterno. Déjate asombrar por la magia de un corazón abierto, entregado, fiel. Desenmascara tus miedos sin miedo, y diles que se acabó, que tú vences. Atrévete a subir a esa montaña rusa. No tengas miedo de la subida, de las esperas, de las vueltas, los cruces inesperados, los ruidos, el temor. Arriésgate a subir al tándem, a no ver el final del camino, a no saber si lloverá o hará sol. Sube detrás, donde no tienes el control de nada. Y, por favor, al amor que te lleva no le preguntes dónde.

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