Dziękuję

Son las 3 de la mañana, y bajamos del autobús entre vítores, canciones, abrazos y corazones. Solo una hora más tarde, entramos en esa casa, su casa, para ver la mesa preparada puesta y la cena esperando, sabiendo que en una hora tenemos que volver a despertarnos para otro largo día.

Cada noche, volvemos al sitio en el que tenemos una cama cómoda, mucha comida, abrazos y oídos que quieren saber todo de nosotros: el sitio que podemos llamar nuestra casa en esta aventura en este país, Polonia. Miramos alrededor y no vemos riquezas, no hay lujos, no hay sitio para la soberbia. Simplemente vemos gente con heridas, con grandes y sufridas historias que contar; gente que ha perdido mucho, pero que lo tiene todo y sin miedo. Hay fotografías por todas partes en las paredes, recuerdos de vidas que han pisado ese mismo suelo en el que estamos nosotros.

No somos nada, no somos conocidos, no compartimos país ni idioma, pero durante esos días somos parte de la familia. Somos sus hijos, hermanos, nietos, primos. Preparan hogueras con canciones para nosotros, nos presentan orgullosos ante el resto de la familia, nos hacen fotografías para recordarnos, nos compran helados.

Han bastado cinco días, solo cinco, para que nuestro corazón se haga más grande, nuestras manos aprendan a dar más, nuestros ojos a mirar mejor y nuestra boca un nuevo lenguaje: la sonrisa. Porque sin entendernos entre nosotros, hemos compartido algo más grande: el amor. Nos vamos de esa casa, nuestra casa, tristes por dejar a esas personas que en tan solo cinco días se han convertido en nuestra familia polaca. Pero nos vamos aprendiendo una gran lección: que quien es pobre por fuera es rico por dentro. Esta gente no tenía mucho, no ostentaba nada, eran gente corriente y humilde, pero nos han dado más que cualquier rico que nos hayamos cruzado: comida, regalos, dinero…Y lo más importante: cariño, atención, detalles y un hueco en su corazón sin nosotros merecerlo. Así que, con las manos y el corazón llenos, volvemos a casa contentos y con un gran amor por esta gente que nos lo ha dado todo a nosotros, a gente cuya existencia ignoraban. Desde aquí, solo tenemos una palabra que no alcanza a todo lo que nos han dado: dziękuję, gracias.

 

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