Los buenos somos más

Hoy no es el día de la muerte. No es el día del miedo ni el odio. No queremos dar rienda suelta a discursos demagógicos y chirriantes. No queremos dar importancia al desprecio en redes sociales y la fobia a personas. Hoy no.

Hoy es el día de la alegría en medio del dolor. Porque hay dolor, sí. Por un mundo en guerra. Por el odio y la desconfianza entre personas. Por la muerte, que ha pasado como una estrella fugaz y se ha llevado muchas vidas con ella. Por la incertidumbre de no saber por qué ni para qué. Por el miedo a volver a salir a la calle. Porque la vida puede acabar en cualquier momento, la hayas aprovechado o no. Por la tristeza de ver que las cosas no parecen cambiar, y que aún no hemos aprendido a vivir en el mismo mundo. Hay dolor, en Barcelona ahora y en tantos otros sitios cada día.

Pero hoy es el día de la alegría. Hoy celebramos el arco iris que aparece en medio de la tormenta. Hoy sonreímos por todas esas personas que colapsaron los hospitales para ir a donar sangre. Por aquellos que ofrecieron un refugio a tanta gente desorientada en el momento del atentado. Por tantos abrazos y palabras que se cruzaron entre tantos desconocidos. Por tantas miradas de sufrimiento y comprensión entre personas de tantos lugares. Por aquellos que ofrecieron su casa a quien pudiera necesitarlo, sin pedir nada a cambio, sin exigir nada; solo por amor. Por los hoteles que abrieron sus puertas de forma gratuita, y los taxistas que hicieron su trabajo en medio del caos también sin pedir nada a cambio. Por todos aquellos que pensaron en los que estábamos aquí y se preocuparon. Por todas las llamadas que se hicieron, de gente que llevaba años sin hablarse y de padres o hijos que se temían lo peor. Por todos los que vivieron el dolor en primera persona e hicieron lo que pudieron. Porque en medio del dolor, puede haber alegría. Emoción. Felicidad. Generosidad. Entrega. Sacrificio. Y lo hubo.

Ayer aprendimos y entendimos que donde hay odio debemos poner amor. Porque el amor puede más que el rencor y la fobia. Porque los buenos somos más. Porque el amor, como decía un gran santo, me lo explicó todo. Y lo volvió a hacer ayer. Gracias, Barcelona, por enseñarme una lección de humanidad, entrega y unión.


Avui no és el dia de la mort. No és el dia de la por ni l’odi. No volem els discursos demagògics i odiosos. No volem donar importància al menyspreu en xarxes socials i la fòbia a persones. Avui no.

Avui és el dia de l’alegria enmig del dolor. Perquè hi ha dolor, sí. Per un món en guerra. Per l’odi i la desconfiança entre persones. Per la mort, que ha passat com un estel fugaç i s’ha endut moltes vides amb ella. Per la incertesa de no saber per què ni per a què. Per la por a tornar a sortir al carrer. Perquè la vida pot acabar en qualsevol moment, l’hagis aprofitat o no. Per la tristesa de veure que les coses no semblen canviar, i que encara no hem après a viure en el mateix món. Hi ha dolor, a Barcelona ara i en altres llocs cada dia.

Però avui és el dia de l’alegria. Avui celebrem l’arc de Sant Martí que apareix enmig de la tempesta. Avui somriem per totes aquestes persones que van col·lapsar els hospitals per donar sang. Per aquells que van oferir un refugi a tanta gent desorientada en el moment de l’atemptat. Per tantes abraçades i paraules que es van creuar entre tants desconeguts. Per tantes mirades de patiment i comprensió entre persones de diferents llocs. Per aquells que van oferir casa seva a qui pogués necessitar-ho, sense demanar res a canvi, sense exigir; només per amor. Pels hotels que van obrir les seves portes de forma gratuïta, i els taxistes que van fer el seu treball enmig del caos també sense demanar res a canvi. Per tots aquells que van pensar en els qui estàvem aquí i es van preocupar. Per totes les trucades que es van fer, de gent que portava anys sense parlar-se i de pares o fills que es temien el pitjor. Per tots els que van viure el dolor en primera persona i van fer el que van poder. Perquè enmig del dolor, pot haver alegria. Emoció. Felicitat. Generositat. Entrega. Sacrifici. I així va ser.

Ahir vam aprendre i vam entendre que on hi ha odi hem de posar amor. Perquè l’amor pot més que el rancor i la fòbia. Perquè els bons som més. Perquè l’amor, com deia un gran sant, m’ho va explicar tot. I ho va tornar a fer ahir. Gràcies, Barcelona, per ensenyar-me una lliçó d’humanitat, entrega i unió.

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One Comment

  1. Es bueno saber que contamos con mucha gente que, lo deja todo por ayudar en los momentos difíciles.
    La presencia de DIOS está en cada uno de ellos en la ayuda qué presta al prójimo sin mirar su condición social.

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